Cantidad de envíos: 5367 Fecha de nacimiento: 27/08/1966 Edad: 45 Localización: Chiapas pais: Fecha de inscripción: 05/08/2008 Puntos: 3947
Tema: Amar o Depender Lun 23 Mar 2009, 2:13 pm
¿AMAR O DEPENDER?
Cómo superar el apego afectivo
y hacer del amor una experiencia
plena y saludable
Walter Riso
“Y muero porque no muero…! ¡Eterno placer
amargo éste del amor! ¡Perpetuo deseo de poseer
tu alma, y perpetua lejanía de tu alma! ¡Siempre
seremos tú y yo; siempre, a pesar de que mis ojos
miren de muy cerca a tus ojos, habrá un espacio
en donde cada uno se forme una imagen
mentirosa del otro…¿Cómo es posible entender
lo que sientes al oír aquella música, si mi alma es
distinta de la tuya? ¡Egoísmo amargo éste del
amante: Querer ser uno donde hay dos; querer
luchar con el espacio, con el tiempo y con el
límite!”
Fernando González
INTRODUCCION
Este libro nace de la experiencia de haber estado en contacto con un sin número de personas víctimas de un amor mal concebido o enfermizo.
Aunque la psicología ha avanzado en el tema de las adicciones, como por ejemplo el abuso de sustancias, el juego patológico y los trastornos de alimentación, en el tema de la adicción afectiva el vacío es innegable. El amor es un tema difícil y escurridizo, y por eso asusta. Un gran porcentaje de pacientes psicológicos o psiquiátricos consultan por problemas derivados de una dependencia afectiva extrema que les impide establecer relaciones amorosas adecuadas. Esta adicción afectiva muestra las características de cualquier otra adicción, pero con ciertas peculiaridades que aún necesitan estudiarse más a fondo. No existen campañas de prevención primaria o secundaria, ni tratamientos muy sistematizados contra el mal de amor.
En términos psicológicos, sabemos mucho más de depresión que de manía. O, dicho de otra manera, la ausencia de amor nos ha preocupado mucho más que el exceso afectivo. Por razones culturales e históricas, la adicción afectiva, a excepción de algunos intentos orientalistas más espirituales que científicos, ha pasado desapercibida. No nos impacta tanto el amor desmedido, como el desamor. Sobrestimamos las ventajas del amor y minimizamos sus desventajas. Vivimos con el apego afectivo a nuestro alrededor, lo aceptamos,
lo permitimos y lo patrocinamos. Desde un punto de vista psicosocial, vivimos en una sociedad coadicta a los desmanes del amor.
¿Quién no ha caído alguna vez bajo los efectos del apego amoroso?
Cuando el amor obsesivo se dispara, nada parece detenerlo. El sentido común, la farmacoterapia, la terapia electroconvulsiva, los médium, la regresión y la hipnosis fracasan al unísono. Ni magia ni terapia. La adicción afectiva es el peor de los vicios.
La presente obra puede inscribirse en la categoría de divulgación científica, autoayuda o superación personal. Está organizada en tres partes, donde se exponen seis principios básicos “anti-apego”. En la primera (“Entendiendo el apego afectivo”), se da una visión general sobre el tema del apego, se aclaran conceptos y se introduce al lector en una comprensión amigable y útil del tema.
Sin esta aproximación sería difícil asimilar las otras secciones. En la segunda (“Previniendo el apego afectivo”), se busca ofrecer algunas herramientas para promover la independencia afectiva y aun así seguir amando. Está dirigida a cualquier persona que quiera mejorar su relación o crear un estilo afectivo más inmune al apego. De todas maneras, puede resultar igualmente útil para quienes han roto o quieren terminar con relaciones disfuncionales; se postulan tres principios preventivos. La tercera (“Venciendo el apego afectivo”) es la más extensa. Su contenido apunta a propiciar estrategias para desligarse de aquellas relaciones inadecuadas y no recaer en el intento. La secuencia se organizó partiendo de los casos estudiados durante veinte años de ejercicio profesional y con base en la moderna terapia cognitiva afectiva, cuyos planteamientos sigo; nuevamente se postulan tres principios terapéuticos. Después de leer la primera parte, se puede ir a la segunda o la tercera. El orden posterior lo definirá la necesidad del lector.
Continuando con la posición asumida en mi libro Deshojando margaritas, éste mantiene una postura realista frente al tema del amor. Resalta la relevancia de algunos “autos” fundamentales, como el autorrespeto y el autocontrol, señala las deficiencias del autoengaño y promueve estilos independientes como la exploración, la autonomía y el sentido de vida. La premisa que ha guiado su elaboración es que sólo se justifica amar cuando podemos hacerlo limpiamente, con honestidad y libertad. Cada idea persigue la meta optimista de que sí es posible amar si apegos. Y lo que es más importante, vale la pena intentarlo. Este libro está dirigido a todas aquellas personas que quieren hacer del amor una experiencia plena, alegre y saludable.
Última edición por Mary. el Lun 23 Mar 2009, 2:20 pm, editado 1 vez
Cantidad de envíos: 5367 Fecha de nacimiento: 27/08/1966 Edad: 45 Localización: Chiapas pais: Fecha de inscripción: 05/08/2008 Puntos: 3947
Tema: Re: Amar o Depender Lun 23 Mar 2009, 2:15 pm
PARTE I
ENTENDIENDO EL APEGO AFECTIVO
“El amor no es sólo un sentimiento.
Es también un arte”
BALZAC
SOBRE ALGUNAS INCONVENIENCIAS DEL APEGO
AFECTIVO: ACLARACIONES Y MALOS ENTENDIDOS
El apego es adicción
Depender de la persona que se ama es una manera de enterrarse en vida, un acto de automutilación psicológica donde el amor propio, el autorespeto y la esencia de uno mismo son ofrendados y regalados irracionalmente. Cuando el apego está presente, entregarse, más que un acto de cariño desinteresado y generoso, es una forma de capitulación, una rendición guiada por el miedo con el fin de preservar lo bueno que ofrece la relación. Bajo el disfraz del amor romántico, la persona apegada comienza a sufrir una despersonalización lenta
e implacable hasta convertirse en un anexo de la persona “amada”, un simple apéndice. Cuando la dependencia es mutua, el enredo es funesto y tragicómico: si uno estornuda, el otro se suena la nariz. O, en una descripción igualmente malsana si uno tiene frío, el otro se pone el abrigo.
“Mi existencia no tiene sentido sin ella”, “Vivo por y para él”, “Ella lo es todo para mí”, “El es lo más importante de mi vida”, “No se qué haría sin ella”, “Si él me faltara, me mataría”, “Te idolatro”, “Te necesito”, en fin, la lista de este tipo de expresiones y “declaraciones de amor” es interminable y bastante conocida.
En más de una ocasión las hemos recitado, cantado bajo una ventana, escrito o, simplemente, han brotado sin puedo alguno de un corazón palpitante y deseoso de comunicar afecto. Pensamos que estas afirmaciones son muestras del más puro e incondicional de los sentimientos. De manera contradictoria, la tradición ha pretendido inculcarnos un paradigma distorsionado y pesimista: el auténtico amor, irremediablemente, debe estar infectado de adicción. Un absoluto disparate. No importa cómo se quiera plantear, la obediencia debida,
la adherencia y la subordinación que caracterizan al estilo dependiente, no son lo más recomendable.
La epidemiología del apego es abrumante. Según los expertos, la mitad de la consulta psicológica se debe a problemas ocasionados o relacionados con dependencia patológica interpersonal. En muchos casos, pese a lo nocivo de la relación, las personas son incapaces de ponerle fin. En otros, la dificultad reside en una incompetencia total para resolver el abandono o la pérdida afectiva. Es decir: o no se resignan a la ruptura o permanecen, inexplicable y obstinadamente, en una relación que no tiene ni pies ni cabeza.
Una de mis pacientes hacía la siguiente descripción de su “relación
amorosa”: “Llevo doce años de novia, pero estoy comenzando a cansarme… El problema no es el tiempo, sino el trato que recibo… No, él no me pega, pero me trata muy mal… Me dice que soy fea, que le produzco asco, sobre todo mis dientes, que mi aliento le huele a… (llanto)… Lo siento, me da pena decirlo… que mi aliento le huele a podrido… Cuando estamos en algún lugar público, me hace caminar adelante para que no lo vean conmigo, porque le da vergüenza…
Cuando le llevo un detalle, si no le gusta me grita “tonta” o “retardada”, lo rompe o lo tira a la basura muerto de furia… Yo siempre soy la que paga. El otro día le llevé un pedazo de torta y como le pareció pequeño, lo tiró al piso y lo aplastó con el pie… Yo me puse a llorar… Me insultó y me dijo que me fuera de su casa, que si no era capaz de comprar una mísera torta, no era capaz de nada… Pero lo peor es cuando estamos en la cama… A él le fastidia que lo
acaricie o lo abrace… Ni qué hablar de los besos… Después de satisfacerse sexualmente, se levanta de inmediato y se va a bañar… (llanto) … Me dice que no vaya a ser que lo contagie de alguna enfermedad… Que lo peor que le puede pasar es llevarse pegado algún pedazo de mí… Me prohíbe salir y tener amigas, pero él tiene muchas… Si yo le hago algún reclamo de por qué sale con mujeres, me dice que terminemos, que no se va aguantar una novia
insoportable como yo…”
¿Qué puede llevar a una persona a resistir este tipo de agravios y
someterse de esta manera? Cuando le pregunté por qué no le dejaba, me contestó entre apenada y esperanzada: “Es que lo amo… Pero sé que usted me va ayudar a desenamorarme… ¿no es cierto?...” Ella buscaba el camino facilista: el alivio, pero no la cura. Las reestructuraciones afectivas y las revoluciones interiores, cuando son reales, son dolorosas. No hay ninguna pócima para acabar con el apego. Le contesté que no creía que una persona debía esperar a desenamorarse para terminar una relación, y que dudaba de
que se pudiera producir desamor a fuerza de voluntad y razón (de ser así, el proceso inverso también debería ser posible, y tal como lo muestran los hechos, uno no se enamora del que quiere, sino del que puede). Para ser más exacto, le dije que su caso necesitaba un enfoque similar a los utilizados en problemas de farmacodependencia, donde el adicto debe dejar la droga pese a la apetencia: “Lo que la terapia intenta promover en las personas adictas es básicamente autocontrol, para que aun necesitando la droga sean capaces de
pelear contra la urgencia y las ganas. En el balance costo-beneficio, aprenden a sacrificar el placer inmediato por la gratificación a mediano o largo plazo. Lo mismo ocurre con otro tipo de adicciones, como, por ejemplo la comida o el sexo. Usted no puede esperar adesenamorarse para dejarlo. Primero debe aprender a superar los miedo que se esconden detrás del apego, mejorar la autoeficacia, levantar la autoestima y el autorespeto, desarrollar estrategias de resolución de problemas y un mayor autocontrol, y todo esto deberá hacerlo sin
dejar de sentir lo que siente por él. Por eso es tan difícil. Le repito, el drogadicto debe dejar el consumo, pese a que su organismo no quiera hacerlo. Debe pelear contra el impulso porque sabe que no le conviene. Pero mientras lucha y persiste, la apetencia está ahí, quieta y punzante, flotando en su ser dispuesta a atacar. El desamor no se puede lograr por ahora, eso llegará después.
Además, cuando comience a independizarse, descubrirá que lo que usted sentía por él no era amor, sino una forma de adicción psicológica. No hay otro camino, deberá liberarse de él sintiendo que lo quiere, pero que no le conviene.
Una buena relación necesita mucho más que afecto en estado puro”.
“El sentimiento de amor” es la variable más importante de la ecuación
interpersonal amorosa, pero no es la única. Una buena relación de pareja también debe fundamentarse en el respeto, la comunicación sincera, el humor, la sensibilidad, y cien adminículos más de supervivencia afectiva.
Mi paciente era una adicta a la relación, o si se quiere, una adicta afectiva. Mostraba la misma sintomatología de un trastorno por consumo de sustancias donde, en este caso, la dependencia no estaba relacionada con la droga sino con la seguridad de tener a alguien, así fuera una compañía espantosa. El diagnóstico de adicción se fundamentaba en los siguientes puntos: (a) pese al mal trato, la dependencia había aumentado con los meses y los años; (b) la
ausencia de su novio, o no poder tener contacto con él, producía un completo síndrome de abstinencia que, para colmo, no era solucionable con ninguna otra droga; (c) existía en ella un deseo persistente de dejarlo, pero sus intentos eran infructuosos y poco contundentes; (d) invertía una gran cantidad de tiempo y esfuerzo para poder estar con él, a cualquier precio y por encima de todo; (e)
había una clara reducción y alteración de su normal desarrollo social, laboral y recreativo, debido a la relación; y (f) seguía alimentando el vínculo a pesar de tener conciencia de las graves repercusiones psicológicas para su salud. Un caso de “amordependencia”, sin demasiado amor.
Vale la pena aclarar que, cuando hablo de apego afectivo, me estoy
refiriendo a la dependencia psicológica de la pareja. Los vínculos de amistad y de afinidad consanguínea constituyen una categoría cualitativamente distinta, y exceden el propósito del presente texto. Sin embargo, es importante hacer una acotación. Cuando se estudia el apego en la relación padres-hijos, el análisis
debe enmarcarse en cuestiones más biológicas. El apego aquí parecería cumplir una importante función adaptativa. Sin desconocer los posibles riesgos del amor maternal o paternal asfixiante, es evidente que una cantidad moderada de apego ayuda bastante a que progenitores no tiremos la toalla y a que los hijos logren soportarnos. Cuando el apego (attachment biológico) está decretado por leyes naturales, no hay que descartarlo, la cuestión es de
supervivencia. Pero si el apego es mental (dependencia psicológica), hay que salir de él cuanto antes.
De aquí en adelante hablaré indistintamente de apego afectivo, apego a la pareja y apego afectivo a la pareja.
El deseo no es apego
La apetencia por sí sola no alcanza para configurar la enfermedad del apego.
El gusto por la droga no es lo único que define al adicto, sino su incompetencia para dejarla o tenerla bajo control. Abdicar, resignarse y desistir son palabras que el apegado desconoce. Querer algo con todas las fuerzas no es malo, convertirlo en imprescindible, sí. La persona apegada nunca está preparada para la pérdida, porque no concibe la vida sin su fuente de seguridad y/o placer. Lo que define el apego no es tanto el deseo como la incapacidad de renunciar a él. Si hay un síndrome de abstinencia, hay apego.
De manera más específica, podría decirse que detrás de todo apego hay miedo, y más atrás, algún tipo de incapacidad. Por ejemplo, si soy incapaz de hacerme cargo de mí mismo, tendré temor a quedarme solo, y me apegaré a las fuentes de seguridad disponibles representadas en distintas personas. El apego es la muletilla preferida del miedo, un calmante con peligrosas contraindicaciones.
El hecho de que desees a tu pareja, que la degustes de arriba abajo, que no veas la hora de enredarte en sus brazos, que te deleites con su presencia, su sonrisa o su más tierna estupidez, no significa que sufras de apego.
El placer (o si quieres, la suerte) de amar y ser amado es para disfrutarlo, sentirlo y saborearlo. Si tu pareja está disponible, aprovéchala hasta el cansancio; eso es apego sino intercambio de reforzadores. Pero si el bienestar recibido se vuelve indispensable, la urgencia por verla no te deja en paz y tu mente se desgasta pensando en ella; bienvenido al mundo de los adictos afectivos.
Recuerda: el deseo mueve al mundo y la dependencia lo frena. La idea no es reprimir las ganas naturales que surgen del amor, sino fortalecer la capacidad de soltarse cuando haya que hacerlo. Un buen sibarita jamás crea adicción.
Última edición por Mary. el Lun 23 Mar 2009, 2:22 pm, editado 1 vez
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Tema: Re: Amar o Depender Lun 23 Mar 2009, 2:16 pm
El desapego no es indiferencia
Amor y apego no siempre deben ir de la mano. Los hemos entremezclado hasta tal punto, que ya confundimos el uno con el otro. Recuerdo un aviso que colocamos a la entrada de un centro de atención psicológica, con la siguiente frase de Krishnamurti: “El apego corrompe”. Para nuestra sorpresa, la consigna, en vez de generar una actitud constructiva y positiva hacia el amor, ofendió a más de un asistente adulto. “No entiendo cómo ustedes están promocionando el desapego”, comentaba una mujer con hijos adolescentes y algo decepcionada de su psicólogo. En cambio, los más jóvenes se limitaban a reafirmarla: “Claro. Eso es así. No cabe duda. ¡Hay que desapegarse para no sufrir!”
Equivocadamente, entendemos el desapego como dureza de corazón, indiferencia o insensibilidad, y eso no es así.
El desapego no es desamor, sino una manera sana de relacionarse, cuyas premisas son: independencia, no posesividad y no adicción. La persona no apegada (emancipada) es capaz de controlar sus temores al abandono, no considera que deba destruir la propia identidad en nombre del amor, pero tampoco promociona el egoísmo y la deshonestidad. Desapegarse no es salir corriendo a buscar un sustituto afectivo, volverse un ser carente de toda ética o instigar la promiscuidad. La palabra libertad no asusta y por eso la censuramos.
Declararse afectivamente libre es promover afecto sin opresión, es distanciarse en lo perjudicial y hacer contacto en la ternura. El individuo que decide romper con la adicción a su pareja entiende que desligarse psicológicamente no es fomentar la frialdad afectiva, porque la relación interpersonal nos hace humanos (los sujetos “apegados al desapego” no son libres, sino esquizoides). No podemos vivir sin afecto, nadie puede hacerlo pero sí podemos amar sin esclavizarnos. Una cosa es defender el lazo afectivo y otra muy distinta ahorcarse con él. El desapego no es más que una elección que dice a gritos: el amor es ausencia de miedo.
Un adolescente que había decidido “desprenderse amando”, le envío una carta a su novia contándole la noticia, la cual ella devolvió en una pequeña bolsa de basura vuelta añicos. Cito a continuación un trozo de la misma: “… Si estás a mi lado, me encanta, lo disfruto, me alegra, me exalta el espíritu; pero si no estás, aunque lo resienta y me hagas falta, puedo seguir adelante. Igual puedo disfrutar de una mañana de sol, mi plato preferido sigue siendo apetecible (aunque como menos), no dejo de estudiar, mi vocación sigue en pie y mis amigos me siguen atrayendo. Es verdad que algo me falta, que hay algo de intranquilidad en mí, que te extraño, pero sigo, sigo y sigo. Me entristece,
pero no me deprimo. Puedo continuar haciéndose cargo de mí mismo, pese a tu ausencia. Te amo, sabes que no te miento, pero esto no implica que no sea capaz de sobrevivir sin ti. He aprendido que el desapego es independencia y ésa es mi propuesta… No más actitudes posesivas y dominantes… Sin faltar a nuestros principios, amémonos en libertad y sin miedo a ser lo que somos…”
¿Por qué nos ofendemos si el otro no se angustia con nuestra ausencia?
¿Por qué nos desconcierta tanto que nuestra pareja no sienta celos?
¿Realmente estamos preparados para una relación no dependiente? ¿Alguna vez lo has intentado? ¿Estás dispuesto a correr el riesgo de no dominar, no poseer y aprender a perder? ¿Alguna vez te has propuesto seriamente enfrentar tus miedos y emprender la aventura de amar sin apegos, no como algo teórico sino de hecho? Si es así, habrás descubierto que no existe ninguna contradicción evidente entre ser dueño o dueña de tu propia vida y amar a la persona que está a tu lado ¿verdad? No hay incompatibilidad entre amar y amarse a uno mismo. Por el contrario, cuando ambas formas de afecto
se disocian y desequilibran, aparece la enfermedad mental. Si la unión afectiva es saludable, la conciencia personal se expande y se multiplica en el acto de amar. Es decir, trasciende sin desaparecer E.E. Cummings lo expresaba así:
“Amo mi cuerpo cuando está con tu cuerpo, es un cuerpo tan nuevo, de superiores músculos y estremecidos nervios”.
Última edición por Mary. el Lun 23 Mar 2009, 2:23 pm, editado 1 vez
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Tema: Re: Amar o Depender Lun 23 Mar 2009, 2:17 pm
El apego desgasta y enferma
Otra de las características del apego es el deterioro energético. Haciendo una analogía con Las enseñanzas de don Juan, de Carlos Castañeda, podríamos decir que el adicto afectivo no es precisamente “impecable” a la hora de optimizar y utilizar su energía. Es un pesimismo “guerrero”. El sobregasto de un amor dependiente tiene doble faz. Por un lado, el sujeto apegado hace un despliegue impresionante de recursos para retener su fuente de gratificación.
Los activo-dependientes pueden volverse celosos e hipervigilantes, tener ataques de ira, desarrollar patrones obsesivos de comportamiento, agredir físicamente o llamar la atención de manera inadecuada, incluso mediante atentados contra la propia vida. Los pasivo-dependientes tienden a ser sumisos, dóciles y extremadamente obedientes para intentar ser agradables y evitar el abandono. El repertorio de estrategias retentivas, de acuerdo con el grado de desesperación e inventiva del apegado, puede ser diverso,
inesperado y especialmente peligroso.
La segunda forma de despilfarro energético no es por exceso sino por defecto. El sujeto apegado concentra toda la capacidad placentera en la persona “amada”, a expensas del resto de la humanidad. Con el tiempo esta exclusividad se va convirtiendo en fanatismo y devoción: “Mi pareja lo es todo”.
El goce de la vida se reduce a una mínima expresión: la del otro. Es como tratar de comprender el mundo mirándolo a través del ojo de una cerradura, en vez de abrir la puerta de par en par. Quizás el refrán tenga razón: “No es bueno poner todos los huevos en la misma canasta”; definitivamente, hay que repartirlos.
El apego enferma, castra, incapacita, elimina criterios, degrada y somete, deprime, genera estrés, asusta, cansa, desgasta y, finalmente, acaba con todo residuo de humanidad disponible.
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Tema: Re: Amar o Depender Lun 23 Mar 2009, 5:18 pm
LA INMADUREZ EMOCIONAL:
EL ESQUEMA CENTRAL DE TODO APEGO
Pese a que el término inmadurez puede resultar ofensivo o peyorativo para ciertas personas, su verdadera acepción nada tiene que ver con retardo o estupidez. La inmadurez emocional implica una perspectiva ingenua e intolerante ante ciertas situaciones de la vida, generalmente incómodas o aversivas. Una persona que no haya desarrollado la madurez o inteligencia emocional adecuada tendrá dificultades ante el sufrimiento, la frustración y la incertidumbre. Fragilidad, inocencia, bisoñada, inexperiencia o novatada, podrían ser utilizadas como sinónimos, pero técnicamente hablando, el término “inmadurez” se acopla mejor al escaso autocontrol y/o autodisciplina que suelen mostrar los individuos que no toleran las emociones mencionadas.
Dicho de otra manera, algunas personas estancan su crecimiento emocional en ciertas áreas, aunque en otras funcionan maravillosamente bien.
Señalaré las tres manifestaciones más importantes de la inmadurez
emocional relacionadas con el apego afectivo en particular y con las adicciones en general: (a) bajos umbrales para el sufrimiento, (b) baja tolerancia a la frustración y (c) la ilusión de permanencia.
Pese a que en la práctica estos tres esquemas suelen entremezclarse, los separé para que puedan apreciarse mejor. Veamos cada uno en detalle.
Bajos umbrales para el sufrimiento o la ley del mínimo esfuerzo
Según ciertos filósofos y teólogos, la ley del mínimo esfuerzo es válida incluso para Dios. Independientemente de la veracidad de esta afirmación debemos admitir que la comodidad, la buena vida y la aversión por las molestias ejercen una atracción especial en los humanos. Prevenir el estrés es saludable (el tormento por tormento no es recomendable para nadie), pero ser melindrosos,
sentarse a llorar ante el primer tropiezo y querer que la vida sea gratificante las veinticuatro horas, es definitivamente infantil.
La incapacidad para soportar lo desagradable varía según de un sujeto a otro. No todos tenemos los mismos umbrales o tolerancia al dolor. Hay personas que son capaces de aguantar una cirugía sin anestesia, o de desvincularse fácilmente de la persona que ama porque no les conviene, mientras que a otras hay que obligarlas, sedarlas o empujarlas, porque son de una susceptibilidad que raya en el merengue.
Estas diferencias individuales parecen estar determinadas no sólo por la genética, sino también por la educación. Una persona que haya sido
contemplada, sobreprotegida y amparada de todo mal en sus primeros años de vida, probablemente no alcance a desarrollar la fortaleza (coraje, decisión, aguante) para enfrentar la adversidad. Le faltará el “callo” que distingue a los que perseveran hasta el final. Su vida se regirá por el principio del placer y la evitación inmediata de todo aversivo, por insignificante que éste sea. Repito: esto no implica hacer una apología del masoquismo y el autocastigo, y fomentar el suplicio como forma de vida, sino reconocer que cualquier cambio requiere de una inversión de esfuerzo, un costo que los cómodos no están
dispuestos a pagar. El sacrificio los enferma y la molestia los deprime. La consecuencia es terrible: miedo a lo desconocido y apego al pasado.
Dicho de otra manera, si una persona no soporta una mínima mortificación, se siente incapaz de afrontar lo desagradable y busca desesperadamente el placer, el riesgo de adicción es alto. No será capaz de renunciar a nada que le guste, pese a lo dañino de las consecuencias y no sabrá sacrificar el goce
inmediato por el bienestar a mediano o largo plazo; es decir, carecerá de
autocontrol.
Recuerdo el caso de una paciente, administradora de empresas, de unos
cuarenta años y casada en segundas nupcias con un hombre bastante menor.
Una de sus hijas adolescentes venía quejándose en forma reiterada de que el
padrastro la molestaba sexualmente. La joven relataba que en varias ocasiones
se había despertado sobresaltada porque sentía que la tocaban y lo había visto
masturbándose junto a la cama. Cuando decidió contar los hechos a su madre,
ésta decidió pedir ayuda. Como siempre en estos casos, el acusado negaba
toda participación en el asunto. Luego de entrevistar varias veces a la niña y al
señor, no hubo dudas de mi parte: el abuso existía y el acoso también. Por
ejemplo, él solía tocarla por debajo de la mesa, al despedirse de beso sus
labios buscaban los labios de ella, entraba en su cuarto sin llamar, le hacía
comentarios sobre sus senos, en fin, el hostigamiento era indiscutible.
La madre, aunque pueda sonar extraño, estaba paralizada. Cuando le dije
que su hija se estaba seriamente afectada por la persecución sexual del
esposo, ella contestó: “No sé qué hacer doctor… Esto es tan horrible … El es
un buen hombre … Tuvo problemas en su niñez y consumió drogas durante la
adolescencia… Le faltó afecto… No sé que hacer… No quiero que mi hija
sufra… Aconséjeme”. Mi respuesta fue clara y directa: “Señora, ¿usted tiene
conciencia de la gravedad de lo que está ocurriendo? ¿Realmente no sabe qué
hacer? ¿O sí sabe, pero no es capaz?... Nada de lo que yo diga le va a servir,
porque la respuesta es obvia… Su marido es un peligro para su hija… Usted no
quiere ver la realidad, porque no quiere perderlo, pero recuerde que la salud
mental de la niña está en juego… Esto no es un problema de consejos, sino de
principios ¿Tan grande es su apego por este hombre y tan pobre su temple?...
Aunque le duela, no veo otra opción: así como están las cosas, es él o su hija”.
Luego de meditar un rato, dijo: “Pero es que yo lo quiero mucho…” No había
nada que hacer. La señora agradeció mi “asesoría” y no volvió a las citas. Al
cabo de unos meses me enteré de que su hija se había ido a vivir donde una
tía y ella todavía mantenía las dudas iniciales. Las grandes decisiones siempre
conllevan dolor, desorganización y perturbación. La vida no viene en bandeja
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Tema: Re: Amar o Depender Lun 23 Mar 2009, 5:22 pm
El pensamiento central de la persona apegada afectivamente y con baja
tolerancia al sufrimiento, se expresa así:
“No soy capaz de renunciar al placer/bienestar/seguridad que me
brinda la persona que amo y soportar su ausencia. No tengo
tolerancia al dolor. No importa qué tan dañina o poco recomendable
sea la relación, no quiero sufrir su pérdida. Definitivamente, soy
débil. No estoy preparado para el dolor”.
Baja tolerancia a la frustración o el mundo gira a mi alrededor
La clave de este esquema es el egocentrismo, es decir: “Si las cosas no son
como me gustaría que fueran, me da rabia”. Tolerar la frustración de que no
siempre podemos obtener lo que esperamos, implica saber perder y resignarse
cuando no hay nada que hacer. Significa ser capaz de elaborar duelos,
procesar pérdidas y aceptar, aunque sea a regañadientes, que la vida no gira a
nuestro alrededor. Aquí no hay narcisismo, sino inmadurez.
Lo infantil reside en la incapacidad de admitir que “no se puede”. Si a un
niño malcriado, se le niega un juguete con el argumento real de que no se tiene
el dinero suficiente para comprarlo, él no entenderá la razón, no le importará.
De todas maneras exigirá que su deseo le sea concedido. Gritará, llorará,
golpeará, en fin, expresará su inconformidad de las maneras más fastidiosas
posibles, para lograr su cometido. El “Yo quiero” es más importante que el “No
puedo”. Querer tener todo bajo control es una actitud inocente, pero poco
recomendable.
Muchos enamorados no decodifican lo que su pareja piensa o siente, no lo
comprenden o lo ignoran como si no existiera. Están tan ensimismados en su
mundo afectivo, que no reconocen las motivaciones ajenas. No son capaces de
descentrarse y meterse en los zapatos del otro. Cuando su media naranja les
dice: “Ya no te quiero, lo siento”, el dolor y la angustia se procesa solamente de
manera autorreferencial: “¡Pero si yo te quiero!” Como si el hecho de querer a
alguien fuera suficiente razón para que lo quisieran a uno. Aunque sea difícil de
digerir para los egocéntricos, las otras personas tienen el derecho y no el
“deber” de amarnos. No podemos subordinar lo posible a nuestras
necesidades. Si no se puede, no se puede.
Los malos perdedores en el amor son una bomba de tiempo. Cuando el otro
se sale de su control o se aleja afectivamente, las estrategias de recuperación
no tienen límites ni consideraciones; todo es válido. La rabieta puede incluir
cualquier recurso, con tal de impedir el abandono. El fin justifica los medios.
A veces ni siquiera es amor por el otro, sino amor propio. Orgullo y
necesidad de ganar: ¿Quién se cree que es…? ¿Cómo se atreve a echarme?
La inmadurez también puede reflejarse en el sentido de posesión: “Es mío” o
“No quiero jugar con mi juguete, pero es mío y no lo presto”. Muchas veces no
es la tristeza de la pérdida lo que genera la desesperación, sino quién echó a
quién. Si se obtiene nuevamente el control, la revancha no se hace esperar:
“Cambie de opinión. Realmente no te quiero”. Ganador absoluto. Una paciente
decía: “Ya estoy más tranquila… Fui, lo reconquisté, se lo quité a la otra, y
ahora sí… La cosa se acabó, pero porque yo lo decidí… ¿Cómo le parece el
descaro, doctor?... Cinco años de novios y dejarme a un lado como a un trapo
sucio… Ya no me importa, que haga lo que quiera… ¿Por qué son tan raros los
hombres?”
El pensamiento central de la persona apegada afectivamente y con baja
tolerancia a la frustración, se expresa así:
“No soy capaz de aceptar que el amor escape de mi control. La persona que amo debe girar a mi alrededor y darme gusto. Necesito ser el centro y que las cosas sean como a mí me gustaría que fueran. No soporto la frustración, el fracaso o la desilusión. El amor debe ser a mi imagen y semejanza”.
Ilusión de permanencia o de aquí a la eternidad
La estructura mental del apegado contiene una dudosa presunción filosófica
respecto al orden del universo. En el afán de conservar el objeto deseado, la
persona dependiente, de una manera ingenua y arriesgada, concibe y acepta la
idea de lo “permanente”, de lo eternamente estable. El efecto tranquilizador que
esta creencia tiene para los adictos es obvio: la permanencia del proveedor
garantiza el abastecimiento. Aunque es claro que nada dura para siempre (al
menos en esta vida el organismo inevitablemente se degrada y deteriora con el
tiempo), la mente apegada crea el anhelo de la continuación y perpetuación ad
infinitud: la inmortalidad.
Hace más de dos mil años, Buda alertaba sobre los peligros de esta falsa
eternidad psicológica. “Todo esfuerzo por aferrarnos nos hará desgraciados,
porque tarde que temprano aquello a lo que nos aferramos desaparecerá y
pasará. Ligarse a algo transitorio, ilusorio e incontrolable es el origen del
sufrimiento. Todo lo adquirido puede perderse, porque todo es efímero. El
apego es la causa del sufrimiento”.
La paradoja del sujeto apegado resulta patética: por evitar el sufrimiento
instaura el apego, el cual incrementa el nivel de sufrimiento, que lo llevará
nuevamente a fortalecer el apego para volver otra vez a padecer. El círculo se
cierra sobre sí mismo y el vía crusis continúa. El apego está sustentado en una
falsa premisa, una utopía imposible de alcanzar y un problema sin solución. La
siguiente frase, nuevamente de Buda, es de un realismo cruento pero
esclarecedor: “Todo fluye, todo se diluye; lo que tiene principio tiene fin, lo
nacido muere y lo compuesto se descompone. Todo es transitorio, insustancial
y, por tanto, insatisfactorio. No hay nada fijo de qué aferrarse”.
Los “Tres Mensajeros Divinos”, como él los llamaba: enfermedad, vejez y
muerte, no perdonan. Tenemos la opción de rebelarnos y agobiarnos porque la
realidad no va por el camino que quisiéramos, o afrontarla y aprender a vivir
con ella, mensajeros incluidos. Decir que todo acaba significa que las
personas, los objetos o las imágenes en la cuales hemos cifrado nuestras
expectativas de salvaguardia personal, no son tales. Aceptar que nada es para
toda la vida no es pesimismo sino realismo saludable. Incluso puede servir de
motivador para beneficiarse del aquí y el ahora: “Si voy a perder los placeres
de la vida, mejor los aprovecho mientras pueda”. Esta es la razón por la cual
los individuos que logran aceptar la muerte como un hecho natural, en vez de
deprimirse disfrutan de cada día como si fuera el último.
En el caso de las relaciones afectivas, la “certeza sí que es incierta”. El
amor puede entrar por la puerta principal y en cualquier instante salir por la de
atrás. No estoy diciendo que no existan amores duraderos y que el hundimiento
afectivo deba producirse inevitablemente. Lo que estoy afirmando es que las
probabilidades de ruptura son más altas de lo que se piensa, y que el apego no
parece ser el mejor candidato para salvaguardar y mantener a flote una
relación. Por desgracia, no existe eso que llamamos seguridad afectiva.
Cuando intentamos alcanzar este sueño existencial, el vínculo se desvirtúa.
Algunos matrimonios no son otra cosa que un secuestro amañado.
Un señor de cincuenta y dos años, separado y vuelto a casar, había
desarrollado una paranoia afectiva (celos) por miedo a que su esposa, quince
años menor y muy atractiva, le fuera infiel. Con el tiempo, las estrategias
retentivas desarrolladas se habían convertido en un verdadero arsenal de
espionaje y control; una KGB en miniatura, personalizada y casera. Detectives,
grabaciones, prohibiciones y alguna cachetada de vez en cuando, habían
logrado poner “en jaque” a la atribulada señora; es decir, “en su sitio”,
totalmente inmovilizada y controlada. Cuando a veces, bajo el agobio
aplastante de la hipervigilancia, la mujer insinuaba un incipiente y dubitativo
“no”, él aplastaba de inmediato el intento de sublevación: “eres una igualada”,
solía decir con profunda indignación. Lo que en otros términos significaba:
“Eres menos que yo”. Esta actitud de dominación le permitía disminuir las
probabilidades de perder a su pareja y crear la ilusión de permanencia, la
certeza virtual de que ella nunca lo dejaría. Daba lo mismo que fuera por amor
o por la fuerza, lo importante era sujetarla y mantenerla bajo control
domiciliario. Sin embargo, la ostentación del poder no era más que una fachada
sin mucho fundamento. El era mucho más débil que ella. En realidad, la
sumisión que mostraba la joven señora no era producto del apego, sino una
estrategia de supervivencia ante un depredador evidentemente peligroso. Ella
quería liberarse y estaba dispuesta a escapar a la primera oportunidad. Como
suele ocurrir en estos casos, tanta persecución y vigilancia lograron finalmente
que la tan temida profecía se hiciera realidad. Ella lo dejó por otro;
curiosamente, el detective que su propio marido había contratado. Nadie sabe
Cantidad de envíos: 1655 Fecha de nacimiento: 04/12/1977 Edad: 34 Localización: Aragón, España pais: Fecha de inscripción: 05/09/2008 Puntos: 1307
Tema: Re: Amar o Depender Lun 23 Mar 2009, 5:29 pm
Chapeau, MARY!
Es un excelente post del que no dudes que muchas sacaremos provecho... Por lo pronto, a mí me gustó mucho y estoy pensando en algunos puntos del texto. ¡Qué delgada es la línea entre el amor y la dependencia!
Cantidad de envíos: 5367 Fecha de nacimiento: 27/08/1966 Edad: 45 Localización: Chiapas pais: Fecha de inscripción: 05/08/2008 Puntos: 3947
Tema: Re: Amar o Depender Lun 23 Mar 2009, 5:33 pm
Holitas Popita
Es una lectura bastante larga, hace varios días que estaba pensando en publicarla, pero por lo larga no muy me animaba, pero realmente es un post, del cual hay mucho provecho por sacarle.